Hay
pocas cosas en la vida que me hacen feliz con muy poco: una de ellas es la
música. En todas sus escalas y sonidos,
y ahora en forma de Folk. Y no, no me refiero al “Folk-Rocker” de los inicios
de Taylor Swift, me refiero al Folk que describe tradición, origen y otros
términos relacionados con la música como raíz de una manera de vida y que ha evolucionado
desde la “canción popular” a la rama del Indie-Folk, Folk-Rock concretamente.
Todo
comenzó hace ya casi un par de años, cuando viajé a Edimburgo, entonces fuimos a parar a una cafetería/bar/tasca de cuyo nombre no puedo acordarme a ver
actuar al compañero de piso de mi amiga Silvia que por aquel entonces era cantautor.
La cafetería/bar/tasca en cuestión era una especie de Sala Clamores que
ofrecía, además de una buena pinta fresquita, un micro abierto donde cualquiera
podía cantar a sus anchas solo o acompañado. Recuerdo que en esta atmósfera de recogimiento
y buen rollismo, se subió un grupo (de amigos) escocés con Violonchelo incluido
a regalarnos los oídos a los que allí estábamos con canciones propias, ajenas y típicas escocesas. Desde entonces, lo reconozco:
coqueteo con el Folk.
Por
aquel entonces yo ya había escuchado algo de los Mumford and Sons (The Cave,
Little Lion Man), había profundizado (y recomendado) el último trabajo de Bon
Iver y había viajado desde Amberes a Madrid varias veces con el ‘Home’ de Edward
Sharpe And The Magnetic Zeros. Este afán recolector de nuevas voces, canciones
y escenarios me ha transportado a través de las ondas a cabañas Wisconsin, a
paisajes remotos ingleses y más recientemente a Denver (Colorado) y a la fría Islandia gracias a The Lumineers y a Of
Monsters and Men, bandas cuyos últimos trabajos (para los primeros el único) rozan el “altamente” recomendable.
Y si el
producto internacional ha recogido buena cosecha estos últimos años, no me puedo
hacer “la sueca” y no hablar del excelente trabajo las
hermanas First Aid Kit en 'The Lion's Roar', el español no es un caso aislado: entre los grupos destacados en el stand de mi memoria también figura Tulsa con
sus dos últimos discos 'Espera la pálida' y 'Sólo me has rozado', acompañados
del sonido destacado de la guitarra acústica y de la armónica solitaria.
Independientemente
de que el Folk pierda (o no) un poco de encanto al popularizarse (como algunos dicen que ha pasado con los recién premiados Mumford and Sons con el Grammy a mejor álbum del
año por ‘Babel’), lo cierto es que gracias a estos “affairs”
del género con el Rock, el Indie o el Surfer están surgiendo bandas y canciones más
alejadas de la música comercial de ahora que suena en las radios y que nos
tiene acostumbrados a canciones desencantadas poco diferenciadas entre sí. Y eso lo agradecen los oídos,
creedme.

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