jueves, 23 de febrero de 2012

Historia de un desahucio imaginario y de la promesa de la dación en pago.

@PAH_Madrid, Twitter
Fue un día de verano, o quizás uno de invierno, que más da, el caso es que aquella familia, aquella pareja o aquella persona de más de 20 y menos de 50 la vio y algo hizo despertar dentro de su ser un revuelo de "incopelusas" (como diría Cortazar). Y sí, se imaginó su vida allí: una habitación amplia, un cuarto para los niños, una cocina estilo rústico o moderno de esas bañadas en acero inoxidable, bueno… ¡ya decidiría ella que era la que tenía mejor justo!, la madre o la chica enamorada que sería la que tomase las riendas y convirtiese esos paredes ahora desnudas en su sueño, en su imaginario de muebles y menaje.

Y sí, después de vestir la casa y elegir el gas natural para las duras noches de invierno salieron al patio, un patio en el que habría plantas, un columpio para dormir la siesta en verano y un sito para la barbacoa, para las fiestas de verano y las reuniones de amigos y familia en torno a unas chuletas, unas sardinas o unos calçots. Y ante la posibilidad de ver su sueño cumplido y porque decidieron (o alguien les aconsejó) que es mejor comprar que alquilar, compraron. Firmaron un nuevo contrato, un matrimonio llamado hipoteca que les uniría en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad con el banco que más beneficios e interés más bajo les ofreciera.

Un sueldo destinado a este nuevo cónyuge y empezar a dibujar la vida dentro de esas paredes. Y así pasó el otoño, el invierno, la primavera, el verano y otra vez el otoño. Así hasta que el ciclo se tuvo que romper por la crisis económica, porque el desempleo empezaba a apretar y alguno de los dos o los dos, perdieron el trabajo e inevitablemente tuvieron que ser "rebeldes" sin quererlo y elegir entre pasarle la pensión al cónyuge "más nuevo" o decidir destinarlo a los gastos, a comer o a tener algo que les permitiera salir del paso y vivir lo más dignamente posible.

Y tuvieron que dejar de pagar, porque antes que casa había que comer y tras pedir ayuda a los familiares, los padres luchan para que sus hijos, por lo menos y dentro de lo malo "del paro" tengan algo que llevarse a la boca. Aunque a esos padres se les caigan las lágrimas y lloren a escondidas, que no vean sus hijos que algo va mal, porque no saben como van a salir de ésta, porque no tienen trabajo, porque se les ha acabado el paro y después del paro la ayuda extraordinaria de los 400 euros al desempleo. Y tienen miedo porque sin tener nada, se quedarán todavía con menos, sin barbacoa, sin columpio, sin plantas, sin cocina, sin habitación para niños, para ellos…sin casa porque tras no haber podido pagar al banco, éste le quitará la casa y los sueños. Y lo peor, después de quitarles la casa, en la salud y en la enfermedad, en lo bueno y en lo malo, tendrán que seguir pagando esa casa (y los intereses que conlleva) que ya no es suya, que ya no les pertenece y que ya no tiene escritos sus nombres en el buzón.

@PAH_Madrid, Twitter
¿Dramático eh? Dramático e inventado. O no, porque sin ser específico, esta situación es impersonal y podría tener nombre y apellidos, e incluso calle, código postal y población. Esta es la historia de una pareja, una familia o una persona que un día compró su casa y ante la coyuntura económica, sí, esta crisis que parece no dar tregua, no puede pagar la suma que le pide el banco por la hipoteca y tiene que dejarla. Igual en 1 día, 2, 1 semana o 2 meses reciben una carta de la entidad invitandoles a "abandonar la casa" porque "están nominados".

Una situación que podría ser cierta, como lo son las ya 330.000 ejecuciones hipotecarias que se han llevado a cabo. Ante esta situación dramática y para "reducir el impacto social que están dejando los desahucios en España" el ministro de Economía, Luis de Guindos, anunciaba en el Congreso que prevé "la elaboración de un código de buenas conductas" que incluya algunas pautas a las entidades financieras. Con ello, los bancos podrían retrasar hasta dos años el desalojo de las familias de sus casas y permitiendo la dación en pago (entregar la vivienda y saldar así la hipoteca). Suena bien ¿no? Pero… ¿dónde está el pero?

El "pero" está en las condiciones y en la admisión. En cuanto a las condiciones: han de ser familias con todos sus miembros en el paro y que la vivienda sea el único bien que posean. En cuanto a la admisión, sólo podrá ser admitida "voluntariamente" por los bancos a cambio de deducciones fiscales por las pérdidas que les haya generado conceder la dación. Es decir, que la última palabra la tiene el banco y que además esta situación afecta a un porcentaje muy bajo de familias.

La iniciativa es positiva, muestra señas de querer remediar "pianissimo" esta situación,  pero deja con un "que se yo, yo que sé" que no llega a convencer, que no llega a extenderse a todos los que ya han sido desahuciados o previsiblemente a "los afortunados" que cuentan con un solo sueldo para mantener al resto. ¿Hemos cantado victoria demasiado pronto?

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